Nos conocimos en 2008,
entre apuntes desordenados,
risas a media voz
algo empezaba a latir con intención de futuro.
Luego, durante diez años caminamos separados,
creciendo sin mapa compartido,
ignorando que el tiempo
no siempre significa distancia.
Porque lo que había surgido, no desapareció,
solamente esperó.
Y el destino, terco y paciente,
volvió a cruzarnos.
Esta vez lo entendimos,
no era un comienzo,
era una continuación.
Hoy, tras todo lo vivido,
hemos decidido unir nuestros pasos
y celebrar un amor
que no tuvo prisa,
pero sí destino.