No es una historia cualquiera… es la nuestra, desde siempre.
Cuando dos personas están destinadas a ser una, se nota. Y es que, desde niños supimos, sin saber muy bien cómo explicarlo, que había algo especial entre nosotros.
Mientras crecíamos juntos, llegó ese 26 de agosto de 2012 en el que Jesús se lanzó por fin y desde ese momento, no hubo vuelta atrás.
Somos uno. Siempre, desde siempre y para siempre.