Toda buena historia comienza con un coqueteo evidente. La nuestra, empezó una noche cualquiera, con una conversación que no quería terminar.
Después llegaron los mensajes, las ganas de volver a vernos y la certeza de que lo que teníamos no era fácil de encontrar.
Hoy, a un paso de nuestro gran día, sabemos que todo valió la pena.