Nuestra historia comenzó como comienzan muchas buenas historias: con una coincidencia
imposible de imaginar.
Un 21 de marzo, nuestros caminos se cruzaron por primera vez en la escalera de un edificio,
entre una mirada coqueta y un instante que, sin saberlo, ya empezaba a escribir algo especial.
En ese momento, ninguno imaginaba que vivíamos en el mismo lugar… ni mucho menos todo lo
que vendría después.
Dicen que el destino encuentra formas curiosas de unir a las personas, y la nuestra llegó una
noche cualquiera. Mientras cada uno compartía con sus amigos en sus respectivos
departamentos, una botella de ron Havana apareció flotando afuera de una ventana. La
curiosidad ganó, la botella subió… y al mirar hacia arriba aparecieron muchas risas, varias caras
desconocidas y, entre ellas, él: el vecino.
Esa noche comenzó una conversación que nunca terminó.
Con el tiempo llegaron los años compartidos, las aventuras, los sueños, dos hijos maravillosos,
un perro, tres gatos y una vida llena de recuerdos que hoy forman nuestro hogar.
Y aunque parezca increíble, toda esta historia de amor comenzó gracias a una simple botella
flotando en la noche.