Todo comenzó en la universidad, cuando aún éramos dos jóvenes estudiantes de psicología. Él
me vio caminar desde un segundo piso y desde ese momento decidió que quería conocerme.
Por suerte teníamos un amigo en común que hizo de cupido y nos presentó.
Nos hicimos amigos muy rápido, sentimos desde siempre una profunda conexión, tan fuerte que
uno podría pensar que desde ahí todo fue fácil, pero no tanto la verdad. Nos dimos varias
vueltas antes de poder decidirnos, nos alejamos y volvimos a encontrarnos más de una vez,
hasta que un día en la U volvimos a hablar y ese fue el inicio de una hermosa historia juntos.
Después de unas semanas saliendo, un 20 de noviembre de 2017 él me dijo “¿Quieres pololear
conmigo?” a lo que yo respondí con un tímido pero emocionado “Ya” (*w*) ese día, empezamos
oficialmente a pololear y desde entonces nos hemos acompañado, amado y cuidado en todo
momento, terminamos la universidad juntos, comenzamos nuestra vida profesional, aprendimos
a convivir, viajamos y tuvimos hermosas aventuras, enfrentamos momentos difíciles y
celebramos muchos otros maravillosos. En el camino descubrimos que amar también es
cuidarse, apoyarse y por sobre todo elegirse todos los días.
Años después, en una de nuestras aventuras en un barco por la Carretera Austral, entre
glaciares, delfines y pingüinos llegó la tan anhelada propuesta, decidimos casarnos y pasar
todos los días de nuestra vida juntos.
El 20 de noviembre de este año, se cumplen nueve años desde ese primer y tierno “ya” a esa
propuesta de pololeo, es por eso que escogimos ese día para celebrar nuestro matrimonio y
queremos celebrar con ustedes el comienzo de esta nueva y hermosa etapa juntos.
¡Gracias por ser parte de nuestra historia!