En una isla como la nuestra, al final todo el mundo sabe quién es quién.
Habíamos coincidido mil veces. De vista. De “sé perfectamente quién eres”. De cruzarnos entre risas, música y miradas que duraban un segundo más de lo normal.
Pero una noche decidió dejar de mirar de lejos y acercarse.
Y ahí empezó todo.
Sin dramas. Sin fuegos artificiales. Solo dos personas con curiosidad y una primera cita que, en teoría, era solo para conocernos.
Spoiler: salió demasiado bien.
Desde ese día no hubo marcha atrás. Empezaron las ganas de repetir, las conversaciones que no se acababan, los planes improvisados, los “nos vemos luego” que se convirtieron en “nos vemos siempre”.
Y casi sin darnos cuenta, han pasado 13 años.
Trece años creciendo, cambiando, aprendiendo, eligiéndonos incluso cuando no todo es perfecto.
Trece años demostrando que lo que empezó entre música y miradas, era algo que venía para quedarse.
Y si algo tenemos claro… es que lo mejor aún está por escribir.