Se conocieron por casualidad, una noche cualquiera que parecía destinada a ser una más. Entre música, risas y una conversación inesperada, algo empezó a latir diferente.
Lo que no sabían entonces es que su historia estaría marcada por la distancia. Durante diez años aprendieron a quererse entre aeropuertos, llamadas eternas y mensajes a deshora.
Hubo muchas bienvenidas con abrazos que lo curaban todo y muchas despedidas con lágrimas discretas y promesas firmes.
Celebraron cada reencuentro como si fuera el primero y resistieron cada adiós como si fuera el último.
Descubrieron que amar no es solo estar cerca, sino elegirse incluso cuando hay kilómetros de por medio.
Hoy se casan para celebrar que su mayor destino siempre fue encontrarse el uno al otro… y compartirlo con todos vosotros.